De Carlos González en su libro “Mi niño no me come”
Las endivias al roquefort están excelentes; pero un camarero que me observa, reloj en mano, me tiene un poco intranquilo. De pronto, se abalanza y me arrebata el plato con gesto vivaz.
_ ¡Oiga!¡Que no he acabado!
_ Lo siento, diez minutos. Ha tenido tiempo suficiente. Ahora coloque la cabeza sobre mi hombro-me da unas palmaditas en la espalda-. ¡Vamos, señor, haga ya el eructo!
_ Pero si yo nunca eructo …
_ Tranquilo, relájese -las palmaditas en la espalda se hacen más insistentes-. Tiene que echar esos gases.
Finalmente, me deja por imposible y trae el segundo plato. Esta vez como a dos carrillos, temiendo que me vuelvan a dejar a medias. Pero el camarero tampoco está contento:
_ Vamos, siga comiendo. Le quedan tres minutos.
_ No quiero más.
_ Venga, no sea tonto, ¡si está muy bueno!-. Ante mi asombro, me agarra por los hombros y empieza a zarandearme mientras canturrea.
_ ¡Ea, ea, ea!-. Sólo se detiene cuando me llevo el tenedor a la boca. Pero ¡ay de mí si me paro unos segundos! El zarandeo es cada vez más violento, los gritos más apremiantes. Por fin, mira su reloj y parece tan aliviado como yo.
_ ¡Diez minutos!-. Exclama, y se lleva el plato.
Me levanto y escapo. El aire fresco y el perfume del otoño me ayudan a olvidar el incidente. Más allá, la terraza de una cafetería me seduce.
_ Un café y una tarta de frambuesa.
La expresión del camarero es una mezcla de sorpresa e indignación.
_ Perdone, señor, pero dígame ¿a qué hora ha comido usted?
_ A las dos.
Sólo la sorpresa me impide añadir: “¿y a usted qué le importa?”.
_ Lo que me temía. Son las tres; hasta las cinco no le vuelve a tocar.
_ ¿Cómo que no me toca?¡Me apetece un café, y lo quiero ahora!
_ Sólo hace una hora que ha comido. No puede tener hambre tan pronto.
_ ¿Qué sabe usted si tengo hambre o no?
_ Tonterías, no es más que un capricho. Puede gritar todo lo que quiera, pero no le serviré nada hasta que hayan pasado tres horas.
Se me ocurre una pregunta capciosa:
- ¿Tres horas desde que empecé a comer o desde que acabé de comer?
El camarero acusa el golpe. Su desconcierto es evidente. En fin, me retiro antes de que encuentre una respuesta ingeniosa…
X-DDD Qué bueno! Qué sorpresa, y yo que pensaba que te habías pasado del mundo de los bebés al mundo de las recetas… Del autor ni idea. Me recuerda un poco al epílogo de “mi niño no me come” Me encantan este tipo de situaciones hipotético-irónicas
juajuajuaa bueníiiisimo. pues parecía q fuera tuyo, por el humor inteligente sarcástico q luce..muaak!!
yo también he pensado en el epílogo con el que carlos gonzález cierra su libro
Me encantó!! Muy divertido e inteligente.
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¿Seguro que no es de Mi niño no me come? a mi me suena mucho, a v si encuentro el libro y te digo cosas
Me parece en es de un libro de Carlos González, sobre la alimentación del bebe, creo recordar que habías más fragmentos similares, que te hacían reir, sobre las tonterías que nos hacen creer necesarias, y lo absurdas que parecen cuando cambian al niño por un “adulto”.
Eso es, Mi niño no me come.
Pues nada… puesto como se merece