El Concepto del Continuum- Jean Liedloff

Quiero recuperar este extracto de un libro que ha cambiado la forma de ver la crianza de los hijos de muchas personas criadas en este mundo occidental… Algunos de esots fragmentos fueran algunas de las primeras entradas del blog… Ahora lo vuelvo a publicar para quienes se acercan al mundo de la crianza en brazos por primera vez…

Esta edición está copiada del blog Disciencia

Extraído del libro El concepto del Continuum.-Jean Liedloff

(…) Durante el breve periodo de algunos miles de años en el que el hombre se ha ido alejando del estilo de vida al que la evolución lo había adaptado, no sólo ha causado estragos en el orden natural de todo el planeta, sino que además a logrado destruir el evolucionadísimo sentido común que había guiado su conducta a lo largo de todos aquellos siglos. Gran parte de su sentido común ha sico socavado sólo recientemente a medida que los últimos secretos de nuestra capacidad instintiva han sido arrancados de raiz y sometidos a la perpleja mirada de la ciencia.

(…) Por ejemplo, no es competencia de la facultad intelectual decidir cómo debe tratarse a un bebé. mucho antes de convertirnos en algo parecido al homo sapiens, ya teníamos unos instintos exquisitamente precisos, expertos en cada detalle de la crianza de los hijos. Pero hemos conspirado para confundir este antiquísimo conocimiento de un modo tan absoluto que ahora recurrimos a investigadores para que se dediquen plenamente a resolver cómo debemos comportarnos con los hijos, entre nosotros y con nosotros mismos. No es ningún secreto que los expertos no hayan descubierto cómo vivir satisfactoriamente, pero cuanto más fracasan, más intentan llevar los problemas bajo la única influencia de la razón y rechazan lo que la razón no puede comprender o controlar.

(…) El continuum humano puede definirse como la secuencia de experiencias que corresponden a las expectativas y tendencias de nuestra especie en un entorno consecuente con aquello en lo que esas expectativas y tendencias se formaron.

La Importancia de la “Fase en Brazos”

Todo llevó cinco expediciones, con grandes intervalos de tiempo entre ellas para reflexionar.

Durante esos dos años y medio que pasé en la Jungla de Sudamérica junto a indios de la Edad de Piedra, pude darme perfecta cuenta de que nuestra naturaleza humana no tiene mucho que ver con lo que nos han hecho creer.

Los bebés de la tribu Yequana, lejos de necesitar un clima de paz y tranquilidad para dormir, eran capaces de echar una cabezadita tranquilamente en el momento preciso en que se encontraban cansados, o cuando los hombres, mujeres o niños que los cargaban bailaban, corrían, caminaban, gritaban o remaban en sus canoas. Los chiquillos se pasaban todo el día jugando juntos sin que se montara ninguna trifulca. Ni siquiera discutían y obedecían a sus mayores al instante mostrando una voluntad plena.

Aparentemente, la idea de castigar a un niño nunca se le habría ocurrido a este pueblo. Tampoco su conducta mostraba nada que pudiera verdaderamente ser catalogado como permisividad. Ni un solo niño habría soñado con incomodar, interrumpir o que un adulto tuviera que esperar por ellos. A los cuatro años, los niños ya contribuían más con la fuerza del trabajo dentro de su propia familia de lo que sus cuidados suponían a los otros.

Cuando los bebés estaban en brazos, rara vez lloraban; nunca gritaban y, lo que es más fascinante, no agitaban las manos ni pataleaban ni movían la cabeza; tampoco arqueaban la espalda ni retorcían los pies o las manos, tal y como vemos con frecuencia en nuestros niños. Se mantenían tranquilamente sentados sobre los hombros o bien se quedaban traspuestos sobre la cadera de alguien, lo cual desconfirma el mito de que los bebés tienen que ir flexionados para ´hacer ejercicioª. Tampoco echaban buches, a no ser que estuvieran realmente enfermos, y no tenían cólicos. Cuando durante los primeros meses les atraía algo, se arrastraban por el suelo, andaban a gatas y luego caminaban sin esperar a que alguien viniera a por ellos, sino que ellos mismos iban hacia sus madres o cuidadores buscando la confianza necesaria antes de retomar sus actividades exploratorias. Sin lo que conocemos como supervisión, incluso los más pequeños rara vez resultaban heridos de alguna manera. Sigue leyendo