Afecto Materno: efectos a largo plazo

El exceso de afecto maternal en la infancia permite una mayor capacidad para hacer frente a los momentos de ansiedad, angustia y estrés durante la edad adulta.

29/07/2010 · Journal of Epidemiology and Community Health. 2010

Un grupo de investigadores de la Universidad de Duke, en Estados Unidos, han asegurado que las personas que durante la infancia recibieron mucho afecto materno de sus madres están más capacitados de adultos para hacer frente a situaciones de angustia, ansiedad y estrés, según los resultados de un estudio que se publica la revista ‘Journal of Epidemiology and Community Health’.

El estudio contó con la participación de un total de 482 personas. Los expertos procedieron a analizar sus recuerdos de cuando tenían ocho meses de edad para evaluar la relación de afecto que tuvieron con sus madres. Concretamente, los participantes tenían que evaluar “lo bien que lo había hecho la madre” con diferentes parámetros, que iban desde una actitud “negativa” a una “exagerada”. Los resultados mostraron que la mayoría (un 85%) demostró unos niveles normales de afecto y sólo uno de cada diez calificó la relación de poco afectiva. Posteriormente, se realizó una evaluación psicológica de la salud mental de los participantes a los 34 años, analizando posibles situaciones de ansiedad o angustia. Así, los investigadores detectaron que aquellos con un mayor afecto materno eran los que presentaban los niveles más bajos de ansiedad, mientras que quienes no guardaban un recuerdo agradable de sus madres reconocían más momentos de malestar general de adultos.

Estos hallazgos, según los autores, demuestran que las experiencias vitales de pequeños pueden influir en la salud del adulto, siendo así el afecto maternal el que proporciona seguridad y confianza, permitiendo también desarrollar una vida social más amplia.

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J Epidemiol Community Health doi:10.1136/jech.2009.097873

Mother’s affection at 8 months predicts emotional distress in adulthood

  1. J Maselko1,
  2. L Kubzansky2,
  3. L Lipsitt3,
  4. S L Buka3

+ Author Affiliations

  1. 1Duke University, Durham, North Carolina, USA
  2. 2Harvard School of Public Health, Boston, Massachusetts, USA
  3. 3Brown University, Providence, Rhode Island, USA
  • Accepted 8 February 2010
  • Published Online First 26 July 2010

Abstract

Background Long-standing theory suggests that quality of the mother’s (or primary caregiver’s) interaction with a child is a key determinant of the child’s subsequent resilience or vulnerability and has implications for health in adulthood. However, there is a dearth of longitudinal data with both objective assessments of nurturing behaviour during infancy and sustained follow-up ascertaining the quality of adult functioning.

Methods We used data from the Providence, Rhode Island birth cohort of the National Collaborative Perinatal Project (mean age 34 at follow-up, final N=482) to conduct a prospective study of the association between objectively measured affective quality of the mother–infant interaction and adult mental health. Infant–mother interaction quality was rated by an observer when infants were 8 months old, and adult emotional functioning was assessed from the Symptom Checklist-90, capturing both specific and general types of distress.

Results High levels of maternal affection at 8 months were associated with significantly lower levels of distress in adult offspring (1/2 standard deviation; b=−4.76, se=1.7, p<0.01). The strongest association was with the anxiety subscale. Mother’s affection did not seem to be on the pathway between lower parental SES and offspring distress.

Conclusion These findings suggest that early nurturing and warmth have long-lasting positive effects on mental health well into adulthood.

Nota de Mimos y Teta

Reproduzco el artículo tal cual me lo han enviado, pero la expresión “exceso de Amor Maternal” no nos parece acertada.

Sobre cómo medir el cariño léase este artículo: “Enviciada con la Teta”

“Nunca es tarde” por Laura Gutman

Un día cualquiera aparece un maestro, un libro, un amigo o un pensamiento que cambia el curso de nuestras arraigadas creencias. Dentro de ese viraje personal, lo que hemos hecho con nuestros hijos ya no nos gusta. Hoy no haríamos lo mismo. Nosotros hemos cambiado. Pero lo que no podemos cambiar es el pasado.

Pues bien, llegó el momento de reconocer que ya no nos cabe en nuestro ser interior una modalidad antigua, basada en el prejuicio o el miedo. Tal vez hemos sido demasiado exigentes con nuestros niños, creyendo que hacíamos lo correcto pero alejados de nuestros sentimientos amorosos. Quizás los hemos maltratado sutilmente. Les hemos mentido y hoy son poco confiados. Hemos menospreciado sus sentimientos. Hemos exigido obediencia y nos han respondido con rebeldía. Hemos hecho oídos sordos a sus reclamos y ahora ellos no nos escuchan a nosotros.

Han pasado los años y querríamos rebobinar la vida como una película para hacer las cosas de otro modo. Pues bien, hay algo que sí es posible hacer hoy: darnos cuenta. Luego, hablar sobre ello con nuestros hijos. Incluso si tienen dos años. O cinco. O catorce. O veintiséis. O cuarenta. O sesenta años. Poco importa. Nunca es tarde. Siempre es el momento adecuado cuando humildemente generamos un acercamiento afectivo para hablar de algún descubrimiento personal, de un anhelo, de un deseo o de nuevas intenciones. Para un niño pequeño es alentador escuchar a su madre o a su padre pedirle disculpas, comprometiéndose a ofrecer mayor cuidado y atención. Para un adolescente, es una extraordinaria oportunidad, hablar con alguno de sus padres en una intimidad respetuosa nunca antes establecida entre ellos. Para un hijo o hija adultos, es una puerta abierta para formularse preguntas personales. Para un hijo maduro, es tiempo de confort y de profunda comprensión de los ciclos vitales.

Cualquier instante puede ser la ocasión perfecta para compartir el cambio que uno ha decidido asumir. No hay lección más virtuosa que compartir con los hijos el “darse cuenta” y la intención, la firme intención de devenir cada día mejores personas. Definitivamente, para un hijo es extraordinario encontrarse con la sencilla y blanda humanidad de los padres que buscan su destino, cada día.

Laura Gutman

Artículo publicado en la Newsletter de Mayo de 2009

http://www.lauragutman.com/newsletter/laura_gutman_mayo09.html