Descargar la entrevista pinchando en el enlace:
Archivos Mensuales: diciembre 2010
Educación Integral por Mónica de Felipe
Manifestación de Blogs por el derecho a educar sin escolarizar
Relato sobre el manejo expectante del aborto: “Mi segundo parto”
Este relato es el de una madre valiente que ha querido contar en un foro que frecuentamos cómo se enfrentó ante su aborto al manejo expectante en lugar de ir directametne al legrado.
Sé que es un tema que levanta ampollas. No tratamos la muerte con normalidad… seguramente porque en el fondo no es tan normal como pensamos, siempre esperamos que no nos pase… que la muerte llegue siempre tarde… muy tarde… Y una madre nunca se plantea que tenga que sobrevivir a sus hijos.
Como ya he comentado en muchas ocasiones en el blog, los abortos espontáneos son mucho más frecuentes de lo que pensamos y en general como sociedad no los tratamos como se debe. No sabemos acompañar el duelo ni respetar el cuerpo de la mujer y el de la criatura si es lo que la madre desea.
Los profesionales médicos de la ginecología y obstetricia, incluso muchas matronas desconocen otra alternativa que no sea el legrado quirúrgico. No informan a la mujer de sus riesgos ni de sus alternativas.
Como ocurre con el parto, el cambio lo hemos de promover nosotras, las madres. Informémonos para nosotras y para nuestras amigas, hermanas e hijas. Que tengan toda la información y decidan con conocimiento. Que puedan sentir que la despedida de sus bebés no fue una intervención agresiva sino un proceso natural y respetado si así se desea.
Si hay un bebé en el útero la forma más natural de salir sigue siendo un parto, esté el bebé vivo o muerto… para el cuerpo de la mujer y para su proceso de duelo.
Incluso si se opta por un legrado que se permita a la madre toda la intimidad y respeto posible y la posibilidad de ver y tocar el cuerpo si lo desea.
Gracias a esta mujer valiente por compartir con sus amigas algo tan íntimo y tirste… y por aceptar que lo publique en el blog con todo el respeto de que soy capaz para que sirva a más familias y profesionales que tratan mujeres.
Mi segundo “parto”
Anoche por fin se desencadenó todo, tras más de tres semanas de espera desde que me enteré que los gemelitos que esperaba no tenían latido en la semana nueve de mi embarazo. Todo se había acabado hacía algo menos de dos semanas, y yo no me había dado ni cuenta. Tenía síntomas de embarazo y todo parecía ir normal. Pero no fue así. Es mi segundo aborto. Hace tres meses perdí a otro bebé en la semana cinco, no hacía ni una semana desde que me había hecho el test de embarazo. Fue rápido, como una mala pasada que te juega la vida. Tenía 29 años cuando ocurrió (ahora acabo de cumplir 30), tengo un hijo de dos años nacido sano, sin complicaciones en el embarazo ni en el parto. Contaba con el beneplácito de mi ginecóloga para volver a intentar un nuevo embarazo sin esperar por la siguiente regla. Todo estaba perfecto. Y me volví a quedar embarazada. Nada parecía indicar que pudiera pasar otra vez, había sido mala suerte. Pero sí, volvió a ocurrir.
Mi médico es bastante abierta. Después de ver que los bebés estaban muertos, me mandó homeopatía para ver si en el plazo de una semana el proceso de expulsión se desencadenaba sólo. Una vez pasada la semana valoraríamos cómo estaba y ya entonces tomaríamos decisiones. Cuando salí de la consulta estaba desolada. Además había ido sola con P, que no entendía como su mamá estaba tan triste.
Me puse en contacto con una amiga que desgraciadamente ya ha pasado por esto (gracias E). Nuestros hijos nacieron el mismo día y el mismo año en el mismo sitio. Les separan unas horas de diferencia. Casualmente nuestros abortos también son muy parecidos. Uno espontáneo en la semana cinco, bebé detectado sin latido en la semana nueve. Uno detrás de otro, igual que yo. Como ella había pasado por esto antes contaba con su experiencia. Fue la primera persona que me habló del manejo expectante como alternativa al legrado.
Inmediatamente me puse a buscar información. Mi gine no conoce al detalle este proceso. Sabe que no entraña muchos riesgos pero no es partidaria de esperar demasiado. Cree que aunque mi cuerpo desencadene el proceso voy a necesitar un legrado de todos modos porque el embarazo es gemelar. Me da detalles de lo que me puede ocurrir pero la información no es muy completa. Me pongo en contacto con gente que ha pasado por esto a través de foros. Leo “La cuna vacía” y otro artículo en EPEN. Lamentablemente no hay demasiada información. Noto que voy un poco a ciegas, pero las personas a las que consulto y que han pasado por el manejo expectante me animan, me dicen que siga adelante, que confíe en mi cuerpo. El proceso es reparador, ayuda a cicatrizar la herida emocional. Yo necesito eso. Lo llevo muy mal. Dos abortos seguidos, el primero me está pasando factura porque no me tomé el tiempo necesario. Es un trago muy difícil de llevar. No me veo capaz de superar mi dolor. Necesito reconciliarme con mi cuerpo. Le culpo a él de lo que me ha pasado. El aborto natural puede ayudarme a superarlo de mejor manera. Decido esperar.
Van pasando los días y las semanas y no ocurre nada. Hay momentos en los que desespero. ¿Y si funciono tan mal que mi cuerpo no reacciona? El miedo al dolor me aterra, a la sangre en abundancia… A veces siento ganas de llamar a mi gine y pedirle el legrado. Cada vez me encierro más en mí misma. Mi familia no me apoya, de hecho no le dan importancia a lo que me pasa. Cada vez hablo menos con Jordi, me da la impresión de que a él no le importan los bebés que hemos perdido, le veo tranquilo, relajado. Creo que nadie entiende por lo que estoy pasando. Todos insisten en que me recupere, que soy joven, que tengo tiempo de volver a intentarlo. Nadie ve que yo quería a mis niños, los amaba y se fueron antes de tiempo.
Un día exploto. Le suelto todo a J. Le digo cómo me siento, saco mi rabia, le echo en cara que a él parece no importarle haber perdido dos embarazos. Hablamos. Me doy cuenta de que no es así, que le duele tanto como a mí, que los siente tan cerca como yo. Nos abrazamos y lloramos. Siento que a pesar de todo somos fuertes. Nuestro amor ya nos ha dado un hijo. Podemos con esto y más. Tenemos que estar juntos.
Al día siguiente empiezo a manchar. Es un flujo amarronado. No siento dolor. Es viernes. Tengo todo el fin de semana por delante y J podrá acompañarme. No tendré que enfrentarme sola a este proceso. Al día siguiente empiezo a manchar un poco más, de color rojo ya, pero poca cantidad, como una regla flojita. Por primera vez llega el dolor, que es como el de regla. Y ya no para hasta que el domingo por la noche se convierte en contracciones.
Hemos salido a pasear todas las tardes, para ver si se animaba la cosa. El domingo nos vamos de paseo. Noto como si tuviera gases. Cuando volvemos a casa hacemos como de costumbre. Yo me pongo a leer. J habla por teléfono con su madre, que ha llamado para ver cómo va todo. Son las ocho y media y me voy a bañar a P. J sigue hablando por teléfono así que lo hago yo sola. Los “gases” van a más, son rítmicos. Entonces me pregunto “¿Y si no son gases?”. Por fin viene J. Le digo: “termina de bañar tú a P, creo que va a empezar”.
En el embarazo de P estuve yendo a yoga prenatal, y las posturas que aprendí en las clases me vinieron muy bien a la hora de encajar las contracciones en el parto. Ahora empezaba a sentir lo mismo. Tenía la necesidad de ponerme a cuatro patas y hacer la postura del gato. En esta postura el dolor se hace más llevadero, acompaña la contracción y ésta se hace más efectiva. Después de unas cuantas contracciones, noto como una me remueve todo por dentro. Me levanto y al ponerme de pie empiezo a sangrar, abundante, con coágulos. Me voy al baño, me siento en el váter y allí comienza todo. Encajo las contracciones una tras otra, con J a mi lado. Van acompañadas de sangre y coágulos. Algunas son como aquella que sentí que me removía todo, y al remitir la contracción y relajar el cuerpo salían coágulos muy grandes y compactos. Todo cae al váter. Siento pena porque no sé si son mis niños los que están cayendo en esos momentos. J me tranquiliza y me dice: “nuestros niños no están ahí, están en nuestra corazón con nosotros”. Tengo un momento de relax. J aprovecha para llamar a mis padres y que vengan a quedarse con el niño mientras él está conmigo.
Las contracciones duran una hora y media, más o menos. Al final son muy seguidas, casi que el dolor no llega a remitir, son continuas. Siento ganas de empujar, de hacer caca, como en el expulsivo de cualquier parto. Aprieto. Creo que voy a hacer caca, pero no. Salé un coágulo, redondo, algo más grande que una pelota del ping pong, muy compacto. Las contracciones se paran. Ya no tengo dolor. Igual que en un parto. Nos quedamos esperando, por si acaso vienen más. Parece que sí, que ha terminado. Jse va a ver a P un momento, y en ese momento empiezo a sangrar a chorro. Salen coágulos ya más pequeños, pero sobre todo sangre, mucha sangre. Me asusto, no sé si es normal. No tengo a nadie a quién llamar. Sólo tengo el foro y el mail de mi ginecóloga y son más de las once de la noche. ¿Quién va a contestar a esas horas?
Decidimos ir al hospital. El miedo me puede y me noto muy mareada, los oídos me pitan. Sigo echando mucha sangre. Llevo una compresa postparto y ya la llevo empapada. Llegamos a urgencias del Hospital Puerta de Hierro. Me atienden enseguida. Entro a hablar con una primera ginecóloga. Le cuento lo que ha pasado. No entiende cómo he esperado tanto y no me he sometido ya un legrado. Por fin me pasan a observación. No dejan entrar a J. Hay un montón de gente. Cuando me van a mirar hay como seis personas en la habitación, y yo allí espatarrada, sangrando como un cerdo. Una de las ginecólogas que hay está muy a la defensiva conmigo. Me meten un espéculo y todo el mundo mira. Veo que sacan unas pinzas enormes. Me asusto y le digo:
-“¿Qué me vas a hacer?”
-”Sólo voy a limpiarte”
-”¿Pero qué, qué vas a limpiarme? ¿No me meterás eso hasta el útero?”.
Me dicen que no, que me tranquilice. Están muy a la defensiva. Finalmente me limpian. Ven que ya no hay sangrado activo, lo que echaba es ya lo que quedaba en la vagina. Me hacen una eco. Sorprendidas, oigo que una le dice a otra: “Está prácticamente limpio”. Respiro aliviada. Me dicen, que está bastante bien pero que mi cérvix sigue abierto y que aún quedan restos que hay que eliminar. Que no necesitaré legrado (pues claro, ¿por qué creen que he decidido pasar por esto?) pero que me van a poner una medicación para terminar de limpiar todo lo que queda. Les digo si puedo pasar sin la medicación. Una de ellas se enfada y me dice: “Haz lo que quieras pero en cuanto vea que te baja la tensión tomamos nosotros el control de la situación”. Al final accedo a que me la pongan, pero no estoy muy convencida.
M. Àngels, de “Superando un aborto”, me había comentado que cada mujer tiene sus tiempos y que los médicos no pueden pretender que el útero se limpie en X días u horas. Que muchas veces los últimos restos desaparecen con la siguiente menstruación y que eso es totalmente normal. Tengo muy presente sus palabras en ese momento.
Nos mandan a una habitación y voy notando como el sangrado va remitiendo considerablemente. J y yo hablamos. En dos días tengo cita con mi gine, me han dicho que quedan restos pero poca cosa, el sangrado remite, no tengo dolor, la tensión está bien, no tengo fiebre. Tardan más de una hora en volver. Al parecer tienen follón. En ese tiempo decidimos volver a casa, pedir el alta voluntaria y cuando vienen a hacerme un análisis les digo que nos vamos. No me dicen nada, aparece una de los médicos con una hoja para firmar, un tanto borde. No me explican nada, que firme y punto. Nos volvemos.
He pasado bien la noche, tengo muy poco sangrado. Aún sigo a la expectativa de ver cómo estoy, cómo irá todo. Pero me encuentro bien, sin dolores, sin fiebre. Mañana veo a mi gine y ya valoraremos mi situación.
Quería compartir esta experiencia porque yo me encontré con muy poca información en el camino de búsqueda. Ha habido veces que me he sentido y me siento poco respaldada profesionalmente, los médicos no saben cómo actuar ante un aborto natural. Pero ahora confío en mi cuerpo, en mí misma, en la poderosa mujer que puedo llegar a ser. Ahora sé que mi cuerpo no tiene la culpa de lo que ha pasado, él hace muy bien su trabajo. Funciona a la perfección. Emocionalmente me siento fuerte, esperanzada, renovada, confiada. Esto era lo que estaba esperando. Es una recompensa muy grande que me va a ayudar mucho a partir de ahora en el proceso de duelo por el que aún tengo que pasar. Sólo puedo decir que la espera, el dolor y el esfuerzo han merecido la pena.
“Mi Barquito de Papel”-por AlmadeDoula
Apenas si unas gotas de sangre. Apenas si un sentimiento extraño. Apenas si sentí tu llegada… No quieras saber, Amor, cuánto tiempo me toma entender tu partida.
Tengo un hilo de odio anudado alrededor de mi útero. Unos dedos temblorosos no quieren mostrar la angustia de no ser la madre que esperaba ser. Y a aquí hemos llegado Aram, a abrir mi alma para que pueda limpiar tu memoria y sentir todo el dolor de manera real no un “como si…”
Sólo te nombro abiertamente cuando he de ir a algún médico. Me preguntan por embarazos y entonces autómatamente les habló de ti. Te pongo más semanas dentro de mi cuerpo y respiro conmovida tratando de pasar a otro tema… Te cubro de emociones ya resueltas y sonrío… Hijo mío! cuánto teatro!
Viviste en mi 4 semanas y 5 días y si me apurara sabría las horas. Viniste un mes de diciembre, tu padre afirma que el día de mi cumpleaños. Llegaste a nosotros después de habernos comprometido a ser papás días antes y al saber de tu llegada, mi corazón no supo asimilar que la Vida nos hubiera escuchado con tanta premura. Lo primero que hice fue llamar a mis padres, mis primos, mi tía y mis abuelos. Compartí mi alegría con toda la familia y me sentí tan tan especial… Llegaste para unirnos y esa noche de enero tu padre y yo nos fuimos a dormir muy inquietos.
Apenas si pasó un día más y, aunque sangraba un poquito y me sentía cansada, me empeñaba en ir a trabajar. Entonces cuidaba de un bebé y no quería fallar a su madre ni que faltara el dinero en casa. Sin asimilar nada y con el estoicismo habitual decidí no descansar… Aquella noche te fuiste de mi… Recuerda aún, mi cuerpo, las grandes contracciones que me dobalaban sobre la cama. Tu padre confuso y yo diciéndole que era normal, mientras me agarraba el vientre pidiéndote que te quedaras conmigo…
Mi cuerpo ya sabía lo que ocurría, en cambio mi cabeza se perdía en justificar lo que estaba ocurriendo…
Por la mañana, muy prontito una odisea de ambulatorios y hospitales para llegar a decirme que ni se te veía en mi barriguita ni seguías presente en mis hormonas…. Recuerdo con todo mi dolor mirar a la médica en el pasillo (donde me comunicaron tu marcha) y decirle: “ah vale! entiendo. Me voy ya. Adiós”… Recuerdo como fui la mujer de hierro disimulando que mi corazón se había quebrado. Fui hacia donde tu padre y le pedí que me llevara lejos. Y allí, sólo ante él, me rompí… nos rompimos en mli y un llantos.
Aún siento esa rabia, esa angustia, ese vacío inexplicable y esa frustración tan amarga.
Escuché de todo pero nada me consolaba… Hice lo que sabía para volver a la Vida: sorberme los mocos y caminar erguida. Y así, así padecí un dolor punzante y gélido… el dolor de no reconocerte ante el mundo. Únicamente ante mi y en el silencio de las sábanas frías.
Ahora, Aram, te recuerdo dolorida. Sabiendo que hace 2 años me preparé para ser madre y no volviste… ninguno lo hizo. Sí, crecí mucho y aprendí mucho pero te engañaría si dijera que no te sigo llorando ni pidiendo que bajes de nuevo o que, al menos, baje alguno de tus hermanos…
Me convertí en ser espiritual, en ser racional, en ser pragmático, en ser alado… en todo y en nada. Te lloré ante mi madre y me sentí más en calma. Te lloré ante Anna y me sentí más humana. Te lloré ante tu padre y me sentí impotente porque ya no podía dejarte de llorar… Aquel 24 de septiembre te dejamos marchar con un barquito de papel en el mar. Me sentí más libre y liviana pero hoy siento que sigue habiendo una enorme carga en mi.
En seguida me apresuré en volver a ser mamá y, seguramente, si lo hubiera conseguido, no estaría ahora sintiendo este dolor tan agudo que es el que me produce re-andar el camino a sabiendas de que es la única manera para encontrar aquello tan perdido y tan necesario. Contigo, no pude dejar ir la pena. Contigo, no supe llorar y pasar el duelo desde el principio. Contigo, como con los demás, me llené la cabeza de ideas para alejarte de mi corazón y no sentir el frío vacío de tu marcha…
Aram, fuiste vida en mi vientre. Fuiste la savia y el gesto ardiente de dos seres que se aman con ternura. Aram, para el tiempo que estuvimos juntos sólo puedo decirte que no puedo seguir disimulando y que quiero sentir la sangre correr por mis dedos… Te reconozco como tal y te lloro sin tapujos. Hijo mío, el estoicismo y la fortaleza nunca me hicieron tanto mal.
…Confío en sentir, algún día, tu sonrisa…
Zeure Amatxo,
Erika
“Restaurando el Paradigma Original” por Nils Bergman
Nils Bergman es Director de la Maternidad del Hospital de Mowbray (Sudáfrica) y se puede contactar con él en la web www.kangaroomothercare.com
Nota: En el documental se ha traducido erróneamente “nicho” (niche en inglés) por “nido” (nest en inglés).
Otras entradas relacionadas:
El abrazo materno no es un método-Casilda Rodrigáñez
Últimas Plazas Curso-Taller Masaje Infantil
-
Curso Dic 2010-Ene 2011
Fechas confirmadas: 14, 21 y 28 de Diciembre, 4 y 11 Enero.
Lugar y hora: Vecindario (Las Palmas)- 17.30h a 19:00h
Dirigido a : Padres con bebés de 0 a 12 meses
Precio Total 5 sesiones: 45€ por familia (precio reducido-curso de prácticas)
Contacto e inscripción: masajeinfantil@mimosyteta.com
Descargar Ficha Inscripción Curso-taller Masaje Infantil-PDF
“Criar sin Castigar” por Nuria Otero
Charla para la semana mundial de la lactancia materna 2010.
Tomiño. Pontevedra.
Por Nuria Otero Tomera -Ser Doulas
Para hablar de lo que significa criar sin castigar lo primero que tenemos que saber es a qué nos estamos refiriendo. Porque lo cierto es que muchas personas dicen que no castigan cuando en realidad lo que quieren decir es que no pegan a sus hijos, o que no les encierran en una habitación hasta que se les pase el “berrinche”. Pero la realidad es que se castiga y mucho, porque es lo que sabemos hacer, es lo que hemos aprendido, es lo que nos han enseñado y nos cuesta mucho encontrar alternativas.
Un castigo es una herramienta de modificación de conducta. ¿Qué quiere decir esto? Más allá de lo que quiera decir a nivel psicológico o pedagógico, el hecho de que sea un medio para conseguir un fin es muy importante. Es decir, por mucho que nos intentemos convencer de los contrario, un castigo no es el resultado de una mala acción, sino que es una acción que se realiza con el objetivo de conseguir un resultado; no es un porque, es un para qué.
Utilizando un lenguaje psicopedagógico, un castigo consiste o bien en la aplicación de un estímulo negativo o en la retirada de un estímulo positivo con la intención de modificar o extinguir una conducta determinada en un sujeto. Por ejemplo, dar un cachete es aplicar un estímulo negativo, cancelar la visita al zoo que teníamos esta tarde es retirar un estímulo positivo. Pero ninguna de ellas es mejor (ni peor) que la otra, ambas se basan en el mismo proceso psicológico: conseguir que la conducta que no nos gusta tenga una consecuencia desagradable y por lo tanto, la persona (en este caso el niño) acabe por dejar de realizarla.
Es necesario aquí distinguir un castigo de una consecuencia lógica. Primero porque, como comentaba antes, un castigo no es una consecuencia, sino una acción en sí misma. Y segundo, porque otra de sus características es que es arbitrario, es decir, puedo elegir cualquier estímulo como castigo, esté o no relacionado con la conducta que quiero modificar. Por ejemplo, si no te comes las lentejas, no verás la tele. No hay conexión entre comer y ver la tele. En cambio, una consecuencia lógica es algo que no estamos imponiendo para modificar una conducta que a nosotros nos desagrada, sino que es algo que es inevitable. Ejemplo, si no dejas de asomarte a la ventana del 6º piso tendré que cerrarla… En este caso sí es una consecuencia, y se deriva directamente de la actividad que se está desarrollando que puede, por ejemplo, suponer un peligro potencial.
Pero volvamos a los castigos. Funcionan. Los castigos funcionan. Son fáciles de aplicar y sus resultados se obtienen con relativa prontitud. Entonces… por qué algunos padres, madres y profesionales abogamos por una manera de criar y educar sin castigar??
En primer lugar porque, como ya he comentado, los castigos son una técnica de modificación de conducta, y me pregunto en muchas ocasiones si estoy legitimada para modificar la conducta de nadie desde el exterior, otorgándome la potestad de decidir desde fuera lo que está bien y lo que está mal. Nuestros hijos pueden comportarse de una manera que nosotros no esperamos, que no compartimos, que no utilizaríamos, pero normalmente esa conducta no es gratuita, no está ahí para molestar (ni a nosotros ni a otras personas), sino que probablemente tenga alguna función (el niño nos manifiesta su malestar por alguna cuestión física o emocional –le duele la pierna, está disgustado porque su amigo no ha podido venir a comer, está enfadado porque ha tenido que ir a clase de piano en lugar de quedarse a jugar al fútbol-, el niño puede no conocer las consecuencias de alguna de sus actividades –puede no saber que ese jarrón que está usando para hacer experimentos de barro es una herencia de la bisabuela, puede no entender que nos duela horrores la cabeza- o simplemente tiene una necesidad que nos está comunicando… sueño, hambre, sed… o atención)
En segundo lugar, porque con un castigo no profundizo en la comprensión de la conducta que quiero modificar o eliminar. Es decir, el niño no aprende que hablar o cantar o gritar GOOOOL mientras mamá habla por teléfono hace difícil la comunicación de mamá… entiende que si mamá habla por teléfono mejor callarse porque si no me echan fuera, o me gritan para que no grite yo, o incluso me dan un cachete si protesto porque lo que tenía que decir era importante. ¿He aprendido algo sobre el respeto a los demás, sobre respetar los tiempos, espacios, conversaciones de los otros? O he dejado de hacer algo por miedo a las consecuencias?? He aprendido a tener miedo??? En este sentido, nos volvemos cada vez más dependientes de los demás, dejando de ser capaces de reconocer por nosotros mismos lo adecuado o inadecuado de nuestras acciones, y basando nuestra manera de comportarnos en la aprobación o desaprobación externa. Como motivación, bastante deficiente… como estilo de vida, casi lamentable.
Me gustaría hacer una mención especial a los premios y recompensas. Al flan de postre si te comes las verduras, a la chuche si acabas los deberes o a la pegatina con sonrisa si no protestas en todo el día. Los premios y recompensas son la otra cara de los castigos. Funcionan de la misma manera, aunque parezcan mucho más amables. También ponen el acento fuera de la conducta, y también nos hacen depender de los componentes externos para funcionar. Pero además, los premios tienen un agravante… y es que a medida que los niños crecen deben ir incrementándose en cantidad y calidad, pues a ningún adolescente le haremos recoger su habitación prometiéndole una pegatina.
Ahora bien, qué alternativas tenemos para criar y educar a nuestros hijos? Cómo podemos educarlos, criarlos, sin recurrir al castigo, al chantaje y/o a la amenaza. Básicamente, comprendiendo.
Comprendiendo en primer lugar que los niños tienen unas necesidades, unos tiempos y un uso del espacio diferente al de los adultos.
Comprendiendo que no existe una manera estándar de hacer las cosas, que lo que está bien y lo que está mal es relativo.
Siendo sinceros con nosotros mismos y preguntándonos por qué no estamos permitiendo cierta conducta, si es una cuestión realmente importante o es algo que se hace así porque siempre se ha hecho así.
De esta manera encontraremos muchos menos motivos de conflicto con nuestros hijos, y ellos se acostumbrarán a que cuando una cosa no puede ser, cuando negamos algo, cuando pedimos algo, cuando posponemos algo, será por una razón verdaderamente importante. Es mucho más fácil aceptar que no se puede hacer una cosa que aceptar que no se puede hacer casi nada, y entonces no es necesario recurrir a ninguna técnica educativa, psicopedagógica coercitiva pues los niños entienden simple y llanamente que no todo puede ser.
Por otro lado, es importante hablar con nuestros hijos. Dialogar y entender sus motivaciones. Y en ocasiones, cuando tienen razón, ceder. Ceder a su petición, a su comportamiento o incluso a su mal humor (bastante tienen a veces con aceptar que no es posible hacer algo para, además, aceptarlo de buen grado). Ceder nosotros es la manera de enseñarles a ceder ellos. Reconocer que nos equivocamos es la manera de enseñarles a reconocer los errores.
Este camino es difícil. Es más lento. Pero os aseguro que es infinitamente más gratificante. Increíblemente más divertido. Y por si alguien lo duda, también funciona.
“El problema no es ver hoy estas imágenes, el problema es que sucedan a diario”
Así debería ser…
Descubriendo la Infancia nº 2
Sir Ken Robinson: “No necesitamos una evolución, sino una Revolución en la Educación”
Para todos los que por fin amamos lo que hacemos … y queremos hijos felices… no necesariamente hijos universitarios…
De manera conmovedora y divertida, continuando con su legendaria charla en TED de 2006, Sir Ken Robinson plantea un cambio radical, para pasar de escuelas estandarizadas al aprendizaje personalizado – creando las condiciones para que pueda florecer el talento natural de los niños.
Entradas relacionadas:
“Amamantar es un privilegio que la mujer debe reivindicar”
ENTREVISTA a Mª Teresa Hernández, pediatra. Publicada originalmente en ElMundo.es
Bel Carrasco | Valencia
- Mª Teresa Hernández coordina una red mundial para la lactancia materna
Si a una mujer le ofrecen un remedio que garantiza el mejor desarrollo físico y psíquico de su bebé, lo protege de infecciones y de enfermedades futuras y la protege a ella misma, ¿quién se negaría a aceptarlo teniendo en cuenta que es gratis y está al alcance de todas?
Es la simple y eficaz reflexión que plantea Mª Teresa Hernández Aguilar, pediatra del centro de salud Fuente de San Luis de Valencia, recientemente nombrada Coordinadora de la Red Mundial de Coordinadores de la IHAN para los países desarrollados, un cargo que reconoce sus 20 años de implicación en la protección y promoción de la lactancia materna.
IHAN son las siglas de Iniciativa para la Humanización de la Asistencia al Nacimiento y la Lactancia, una estrategia conjunta de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y UNICEF, lanzada a principios de los años noventa para animar a los hospitales y servicios de salud a adoptar prácticas que aseguren la mejor atención al nacimiento y la lactancia materna.
“Nuestro objetivo es que las mujeres que decidan libremente amamantar a sus hijos puedan hacerlo sin dificultad mediante un apoyo eficaz y de máxima calidad en todo el proceso perinatal”, dice Hernández Aguilar. Con ese fin, IHAN otorga el galardón ‘IHAN’ a aquellos hospitales que tras una auditoría externa demuestran que ofrecen la mejor calidad en la atención a la madre y al recién nacido.
“El número de mujeres que dan el pecho ha aumentado a partir de los años setenta alrededor de diez puntos, del 72% al 82%, pero todavía hay un elevado índice de abandonos. En la Comunitat Valenciana, por ejemplo, se estima en un 69,65% a las seis semanas de vida y sólo un 25,61% a los seis meses. Es necesario trabajar mejor para conseguir lactancias con más éxito”, comenta Hernández. “Cuando se presentan problemas como que el bebé no se agarre o no tome suficiente alimento, que aparezcan grietas, dolor, o incompatibilidades laborales, la madre suele cambiar a la leche de farmacia. Hace falta crear una red de apoyo para ellas, con técnicas y rutinas que les ayude en estos temas”.
La lactancia, un privilegio

Hoy en día, muchas madres con el apoyo suficiente compatibilizan profesiones como la abogacía, el periodismo y la arquitectura con la lactancia materna. No son heroínas ni mártires. Son mujeres que disfrutan su lactancia, y reivindican de nuestra sociedad el derecho a que sus deseos sean respetados y el reconocimiento por el gran regalo que nos hacen a todos: niños sanos y felices. La lactancia es un privilegio que los movimientos feministas más avanzados deben reclamar como un derecho de la mujer que la sociedad debe reconocer y apoyar.
¿Pero cuáles son exactamente las ventajas de la lecha materna? “Los que trabajamos en lactancia ya no usamos el término ‘ventaja’ porque el amamantamiento es la forma natural de crianza para nuestra especie. Quién tendría que demostrar sus ventajas, en cualquier caso, serían los métodos alternativos”, responde Hernández. “La leche materna y el amamantamiento proporcionan al recién nacido todo lo que éste necesita para un óptimo desarrollo físico y psíquico, lo protege de las infecciones en una etapa de máxima vulnerabilidad y desarrolla adecuadamente las conexiones de su cerebro, algo fundamental pues el humano es muy inmaduro. Por otra parte, al amamantar, la madre se asegura protección frente a múltiples enfermedades, algunas tan importantes como el cáncer de mama. Mitos como que la lactancia estropea el pecho femenino han sido desmentidos recientemente en publicaciones especializadas de cirujanos estéticos”.
No sólo es importante la leche materna, el contacto físico durante el amamantamiento es necesario y estrecha el vínculo madre hijo. “El contacto piel con piel inmediato tras el parto es fundamental para el bienestar del recién nacido: favorece lactancias más felices y protege al bebé”, comenta Hernández. La lactancia materna, además de proteger la salud de la madre y del niño, cuando funciona bien, es una fuente de placer para la mujer, “un privilegio a reivindicar”. “Si se siente dolor es que algo no va bien y hay que pedir ayuda”, subraya Hernández.
Además de Fuente de San Luis, otros centros de salud valencianos que han iniciado el camino para la acreditación son: Moncada, Almàssera, Fuensanta y el consultorio auxiliar Barrio de la Luz.
Mª Teresa Hernández madre de dos hijos, se formó en el Hospital La Fe y en la Universidad de Berkeley en California (EEUU), ha trabajado además en el Hospital de Xátiva y lleva 15 años dedicada a la Atención Primaria. Defiende la lactancia desde hace 20 y en la actualidad es la coordinadora del comité de Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría y delegada internacional de la IHAN España.
Agitar, comprobar (si se quiere)… y listo
Ranking Wikio Blogs de Mamás y Bebés
Mamis Emprendedoras
Hoy os presento un proyecto que comparto con otras mujeres especiales: Mamis Emprendedoras Sigue leyendo

