“Hacia lo salvaje”… relato de un parto soñado

Hace unos días descubrí este vídeo:

Amaral – Hacia Lo Salvaje (videoclip oficial)

Amaral – Hacia Lo Salvaje (videoclip oficial)

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Y automáticamente me vi en cierto modo reflejada en esa canción… en una letra que hice mía:

Ella fue la primera
de sus hermanas en huir
de la casa que la vió nacer
hacia lo salvaje.
Cada día era un regalo
libre de sol a sol.
La montaña fue su salvación
y entre las fieras se crió.

Y EN LOS ÁRBOLES ESCUCHA
VOCES DE TIEMPOS REMOTOS
HA ELEGIDO CAMINAR
HACIA LO SALVAJE…

Uh uh uh…

”No teneis ni idea
de lo alto que puedo volar”
sentenció con un portazo.
No la vieron nunca más.
Cada golpe que le dieron
era una cuenta atrás.
Y ahora corre hacia el bosque
su fortaleza,su nuevo hogar

Y EN LOS ÁRBOLES ESCUCHA
VOCES DE TIEMPOS REMOTOS
HA ELEGIDO CAMINAR
HACIA LO SALVAJE…

Uh uh uh…

HA ELEGIDO CAMINAR
HA ELEGIDO CAMINAR
HACIA LO SALVAJE

HACIA LO SALVAJE
HACIA LO SALVAJE
HACIA LO SALVAJE

“¿Por qué?” diréis…

Pues no… no me he ido de casa a vivir al bosque… aunque a veces no faltan ganas… En esa letra encontré cierto paralelismo en el proceso que hemos vivido algunas mujeres para romper con una forma establecida de hacer las cosas… sobre todo en lo relacionado con nuestra maternidad.

Seguramente es el puerperio que te hace vivir en una especie de nube hormonal especial de oxitocina y prolactina… pero oigo esa canción y pienso en mi parto…  en cómo he llegado a él… en la fuerza que te puede dar, como mujer, vivir algo tan salvaje, sobre todo si lo haces por ti misma… Como la tortuga del vídeo…

Si sois seguidores del blog ya conocéis mi vida maternal… mis angustias, mis penas y alegrías… mis luchas, mis deseos, mis esperanzas… mis obsesiones incluso…

Y sabéis cuánto deseaba recibir a nuestra hija como se merece, como se merecen todos los hijos del mundo… no solo con amor, también con respeto, con intimidad, en penumbra… Sin prisas, sin forzar, sin miedos… o con miedos controlados…

Tenía tanto deseo de vivir un parto así, que en cierto modo, temía que cualquier complicación frustrara mis deseos, así que también trabajé mis expectativas. Confiaba por completo en que íbamos a poder hacerlo, Mencía y yo… pero a la vez no me cerraba a la posibilidad de que no todo fuera como queríamos… desgraciadametne no somos perfectos y las complicaciones, aunque rara vez, pueden surgir incluso en medio de las mejores condiciones… así que me “preparé” ( si es que es la expresión correcta) para parir como quería, pero tomando medidas por si no fuera posible. Por eso preparé mi plan de parto que presenté en el Hospital Materno Infantil, diciéndome a mi misma que no lo iba a necesitar… pero sabiendo que incluso así, cumpliría su función… si no servirme a mí… servir para las mujeres que vendrían detrás…

Y me disponía a esperar el momento con tanta ilusión y expectación como con mi primer hijo… o quizás más… Porque en cierto modo era primeriza… porque nunca me puse de parto, ni rompí bolsa , ni tuve contracciones espontáneamente… todo eso me robaron… esos momentos mezcla de emoción, temor y alegría… Ese no saber qué viene a continuación con exactitud…

Así estaba… una primeriza con 2 malas experiencias a cuestas… jugándoselo todo a una carta… porque esta era mi última partida en este juego… Una primeriza con años de leer, de compartir, de aprender y enseñar… con miles de lágrimas derramadas por mí y por amigas y por desconocidas… Lágrimas de pena a veces y de rabia y de dolor… y también de emoción y alegría ( y por qué no decirlo, de cierta envidia sana) cuando relataban un parto feliz, respetado.

Cada historia que leía u oía era un empujoncito en la dirección correcta, un impulso a mi convicción de que podía, de que YO PODÍA, como podíamos todas. Y en ese caminar entre fieras, entre otras madres-lobas como me gusta llamarlas, fui adquiriendo la seguridad que el sistema nos ha quitado.

Como dice la canción: “No sabéis lo alto que puedo volar”. La mayoría de los profesionales médicos relacionados con el embarazo yparto nos tratan como si no pudiéramos, como sino supiéramos qué hacer… y al final, para lograr recuperar lo que era nuestro, lo único que de verdad siempre ha sido nuestro, hay que escapar. Escapar de quienes nos tratan como enfermas, escapar de quienes tienen como forma de trabajo el miedo, escapar de quienes nos esconden mucha parte de información, escapar de aquéllos que en el fondo nos tmeen… porque les podemos demostrar lo fuertes y valientes y autónomas que somos. Porque al final se trata de eso, como casi siempre en toda forma de abuso, se esconde el miedo.

Y con esa dosis de confianza preparamos lo necesario… poca cosa la verdad… el columpio y  la piscina… porque yo, en el fondo sabía que daba igual si el cuarto tenía velas o no, si ponía cojines cómodos aquí o allá, porque no sabía dónde iba a parir. Recordaba relatos de amigas que parieron contra todo pronóstico en el baño… de alguna que leí había parido escondida tras una puerta. Así que yo lo único que sabía era que pariría en mi casa, pero no en donde.

Lo que sí hicimos fue volvernos locos mi marido y yo para ver cómo podríamos tapar el gran tragaluz de mi salón. Creo que probamos un montón de cosas… hasta compramos tela de esa de cortinas anti-luz… pero no funcionaba, y había que conseguir taparlo porque de ponerme de parto de día, sabía que necesitaba un lugar oscuro o eso o no podría usar el columpio y la piscina…

Mientras tanto la mañana del jueves 25 inflamos la piscina para ver que estuviera bien y el espacio que ocupaba.  Y estuve trasteando en casa, limpiando y recogiendo. Por la tarde fui a la peluquería porque al día siguiente había quedado con mi amiga Maica para hacerme un reportaje de fotos como recuerdo de mi embarazo.  Recuerdo que el lunes me preguntó si llegaría al viernes y le respondí:  “¡¡claro, aún me falta!!”

Y eso hice, ir a taparme mis canas y a cortarme un poco el pelo para salir en las fotos tan guapa como yo me sentía.  Al  volver a casa estaba tan hinchada que aunque tenía que salir decidí quedarme en casa acostada con las piernas en alto.

A eso de las 10 y pico de la noche al llegar C, noto aún acostada en la cama algo extraño… una pequeña cantidad de líquido que salía de mí… Se me pasó por la cabeza si no era que  había roto aguas, pero pensé que era pronto, y me dije si no me estaría orinando sin darme cuenta, pero no, no era esa sensación, era algo diferente. Llame a C y le dije: “Creo que he roto aguas” y tendría que haber grabado su cara porque fue una mezcla de “no puede ser” y de “ahora qué hago yo”.

Me levanté, fui al baño y comprobé que el líquido era claro. Salía en muy poquita cantidad así que supuse que era una fisura. Llamé a O, una de las matronas,  quien me dijo que la llamara si durante la noche empezaba con contracciones seguidas. Hasta el momento mis contracciones eran imperceptibles. De hecho hasta la última visita de las matronas pensaba que eran solo estiramientos de Mencía en mi barriga.  Ahora estaba expectante  por ver cómo iba a desencadenarse todo.

Le dije a mi marido que acabara de hinchar la piscina no fuera a ponerme de parto a las 4 de la mañana y nos pusiéramos a hacer ruido conla bomba eléctrica. Llamé a Maica para avisarla de que la sesión de fotos iba a ser que no, a no ser que quisiera fotografiar un parto entre los árboles :-)
Avisamos a una vecina amiga nuestra para decirle que estuviera al tanto por si de madrugada la llamábamos para dejarle a Iker.

Sobre la asistencia de Iker al parto, por un lado me hacía mucha ilusión que lo viera, pero por otro lado sabía que a no ser que pariera de noche y él estuviera dormido durante la dilatación, iba a ser difícil que se mantuviera tranquilo, esperando en silencio… Y con su actividad normal puede que no me dejase concentrarme en el parto, así que, una vez más, no me creé expectativas al respecto, y me dije que sobre la marcha veríamos si estaría presente o no. Lo que sí era seguro era que él iba a cortar el cordón umbilical, que llevaba todo el embarazo esperando ese momento. Ese era SU TRABAJO, su aportación al nacimiento de su hermana.

Y me acosté, Iker mamó y pensé si sería la última vez que mamaba estando embarazada.

Mientras tanto oía a C trastear por la parte de abajo de la casa, nervioso. Le llamé y le dije que se acostara para descansar que igual la noche se presentaba larga y necesitábamos coger fuerzas. Tardó un rato en hacerlo, y varias horas más en dormirse… He de decir que esa noche era su noche libre ( él  trabaja de noche, así que cayó al final rendido), y hasta en ese detalle esta niña vino en un momento especial, cuando su padre estaba en casa.

Estaba tranquila, con una tranquilidad sorprendente  y a la vez con cierta excitación por ver cómo iría todo. Recuerdo que puse un mensaje en Facebook con el móvil desde la cama diciendo que había roto aguas y que la cosa había empezado.  En ese momento no sabía hasta qué punto ese lugar frívolo iba a convertirse en una especie de doula virtual, donde tanta gente iba a mandarme apoyo, ánimo, cariño y buenos deseos. Aprovecho para dar las gracias por cada comentario recibido, en este momento y tras el nacimiento de Mencía… lloré mucho viendo tanto cariño en forma de mensajes y me sentí una vez más, afortunada.

Empecé a tener contracciones, pero muy esporádicas e indoloras… A eso de las 4 y pico de la mañana dejé de mirar el reloj al ver que las contracciones más seguidas eran cada 15 minutos y me dormí. Y si no fuera porque me levanté a orinar como 10 veces habría dormido bastantes horas seguidas.

Por la mañana nos despertamos con una sensación extraña de que todo estaba igual. Le mandé un sms a O (para no despertarla) y le dije que todo seguía sin novedad… que me llamara al despertarse.

Por la noche antes de dormirme, pensando aún en cómo tapar el tragaluz, pensé en usar unos cojines grandes.. mi sorpresa cuando al bajar vi que C había tenido la misma idea y ya estaban tapados.  ¡¡¡Un mes buscando la solución y al final nos vino la inspiración a la vez!!!

Me puse a desayunar como cada día, mientras revisaba el correo. Me sorprendí al ver la cantidad de mensajes que tenía en FB :-) .

Contesté emails, hice algún pedido y hasta preparé algún paquete de la tienda para que C lo llevara a Correos. Entre eso y los viajes a la ferretería para  buscar la forma de adaptar la manguera al grifo de la bañera, se le fue la mañana entretenido.

A eso de las 12 llegaron O y A .Oímos a Mencía con el doppler, todo iba bien. Me dijeron que no me preocupara, me explicaron que la pérdida de líquido era pequeña, que era solo una fisura. Que de todos modos la placenta sigue generando líquido y que sería cuestión de horas. Me aconsejaron que estuviera relajada, que muy posiblemente el parto empezaría cuando fuera bajando la luz y sobre todo el nivel  de actividad. Dejaron ya sus cosas en casa y se fueron a comer, para dejarme tranquila.

Tenía sueño porque por la noche el ir al baño no me dejó dormir mucho así que me acosté.

Después del mediodía le dije a C que se llevara un rato a Iker al parque para yo intentar descansar en silencio y así me quedé sola. Empecé a tener contracciones más seguidas , pero no sentía dolor ninguno, solo excitación por si eran las que de verdad anticipaban el momento. Recuerdo que pensé que al final igual sí iba a parir sin dolor…

Sobre las 6 llamé de nuevo a O y le dije que tenía contracciones algo más seguidas pero que esperara porque sobre las 4 de la tarde había empezado así y al final pararon. Comí un gran plato de sopa riquísima que me trajo mi querida vecina y al ver que seguían las contracciones empecé a usar el columpio. Ahí estuve un rato balanceándome apoyada a ratos en la pelota a ratos solo en la tela . Tuve ganas de ir al baño y pensé que el cuerpo sabe lo que hace y que para qué poner un enema…A las 6:37 llamé a C y le dije que fuera viniendo a casa que  ya tenía las contracciones bastante seguidas. Dejó a Iker en casa de nuestra vecina (iban a hacer masa para preparar pizza) y llegó enseguida, Imagino que muy nervioso aunque no lo aparentaba.  Le dije que fuera llenando la piscina y que llamara a las matronas que ahora sí había empezado.

Entonces ya me dediqué a esperar cada contracción y a dejarme llevar por ellas… Casi enseguida fue aumentando el ritmo y la intensidad de esa sensación de una corriente que me llevaba.  Iba sintiendo esas contracciones fuertes, como olas que van y vienen.  El columpio me ayudaba a descargar mi peso y a moverme al ritmo de la contracción. Intentaba ir a favor de ella, como tantas veces había leído :  “déjate llevar por la contracción, no luches contra ella”. Y así el fular servía para aliviar esas sensaciones. A veces me columpiaba, a veces me colgaba literalmente, unas veces sentada en la pelota con todo el tronco y brazos en la tela, otras veces enrollaba los brazos en él y me erguía… Nada planeado, ni pensado… solo moviéndome como me lo pedía el cuerpo. Era casi un cuerpo sin mente. Sin razón, solo sensaciones.

En un momento dado pensé en que O y A no habian llegado y me dije: “Al final tanta broma y va  a ser verdad que pares sola”.

C  ni me hablaba… seguía ocupado con la piscina. Me imagino que porque el columpio estaba justo al lado del baño y no quería molestarme. Entonces oí el timbre y ya casi en total oscuridad noté entrar a O y A.  Yo estaba casi todo el rato con los ojos cerrados. O se acercó, me besó en la mejilla y me dijo: “todo va bien”. Y seguí en mi mundo con la total convicción de que sí, que todo iba a ir bien.

Cuando las contracciones iban siendo más dolorosas empecé a vocalizar intentando relajar boca y mandíbula: “AAAAAAAHHHHHH”. Y mientras gemía con suavidad esas vocales abiertas pensaba en cómo mi cuerpo se iba abriendo igual que mi boca y mi garganta. Ese ejercicio me hacía no cerrar mi cuerpo o contraerlo  por la sensación del dolor (gracias Gabriella). Recuerdo pensar que al final iba a ser que no… que no iba a parir sin dolor… Que igual no bastaba solo con estar segura del propio cuerpo y confiada en que era algo normal.  De todos modos, como me dijo una amiga: “Es dolor, no sufrimiento”. 

En algún momento pedí agua porque tenía mucho calor… era finales de agosto y se notaba. Me dieron agua y A se acercó a limpiarme la cara con un paño mojado. Eso y una ocasión en la que sentada en la pelota una de las 2 matronas, creo que fue O , me hizo una ligera presión en forma de masaje en las lumabres fueron las únicas veces que noté que estaban allí.  Recuerdo vagamente sus pasos amortiguados por los calcetines a mi alrededor alguna vez… luego supe que para decirle a C que parara con el agua que ya estaba muy llena la piscina.  Pero como debía ser… estaban sin estar.

Una vez me apoye en el borde de la piscina y recuerdo mirarla y pensar… “ya me avisaran cuando pueda entrar”... porque sabía que meterse al principio del trabajo de parto no era lo mejor… y no quería anticiparme… pero tampoco quería hablar… me daba igual…

Otro flash que me llega es no ver a C, al que sabía todo el rato cerca ,y llamarle. Estaba en la cocina y le dije que viniera, que se quedara conmigo.  Se sentó al pie de la escalera, le dí la mano, la apreté, la solté y volví a cerrar los ojos.Y en esas pedí un cojín porque estaba cansada y quería irme al suelo. El cuerpo me pedía tocar suelo, apoyarme, recibir fuerza del suelo, sentirme estable, como anclada a algo firme tras el balanceo.

Me trajeron el cojín y a 4 patas apoyaba a veces los brazos y la cabeza en él, en una posición parecida a la de la foto:

Y de pronto, sentí una necesidad brutal de empujar. Es una sensación que no puedo asemejar a nada que hubiera sentido antes. Es como si mi cuerpo no fuera yo, como si no estuviera controlado por mí, como si el empujón me guiara a mí y no al revés. Exclamé: “quiere salir” y O me respondió tranquila con su voz serena: “pues déjala salir”.

Me sorprendí porque aunque intenso , el trabajo de parto me pareció corto, y pensé para mí: “¿y cómo sé que estoy dilatada al completo, si no me han mirado siquiera?. Y me di cuenta que no hace falta… que así deben ser las cosas, que las matronas con experiencia no necesitan tocar. Ellas estuvieron todo el rato detrás de mí, en silencio y a oscuras.

Y entonces experimenté la sensación más brutal y salvaje de mi vida. Era mi hija queriendo salir, o más bien,  la VIDA empujando con ella. Es indescriptible la sensación pero me imagino que es el momento en que la confianza y el miedo se confunden, porque al final la vida y la muerte van juntas y ese miedo ancestral  aflora.

En esos momentos en que mi cuerpo pujaba y yo creía romperme en 2, grité.  Con un grito sordo y desgarrado, nada calmado como antes en las contracciones en que apenas se me habría oído desde la habitación de al lado. Ahora gritaba , o como diría mi comadre Trini, aullaba, no muy alto pero sí profundo, gutural, con la parte animal… lo dicho… como una loba.

Escultura de Daniel Edwards

Tampoco recuerdo exactamente en qué punto  pero ya en el suelo rompí la bolsa. ¡¡¡Qué sensación tan agradable!!

Y en un momento pensé : “no puedo”, “no voy a poder”, porque sentía que no podía abrirme más y me daba la sensación que de un momento a otro iba a oír el crujido de mis huesos. Pero  inmediatamente me dije: “sí, voy a poder, como han podido otras antes que yo” y empecé a repetir en voz alta como un mantra: “vamos a poder”, “lo vamos a hacer las 2 cariño”, “tú y yo vamos a poder”, “tú y yo vamos a poder”... lo repetía una y otra vez, hablándole a mi hija y hablándome a mí misma, moviendo la cabeza y a 4 patas como en trance.

Y en otro empujón noté  una sensación de calor  intensa que reconocí por haberla leído tantas veces en  los relatos de partos de muchas de vosotras: el aro de fuego. Y exclamé: “quema, quema, quema”  y  O me dijo: “sí, quema y todo va bien” ( o algo parecido).

Entre pujos recuerdo que intentaron usar el Doppler para escuchar los latidos pero me moví y se retiraron para no molestarme. No sé lo que duró pero no creo que fueran más de 10 pujos. En un momento me puse en cuclillas y toqué y noté la cabeza de mi hija. No sabría describir lo que  supuso tocar esa cabecita húmeda, peluda, resbaladiza… fue una inyección de fuerza, como diciendo… “estoy aquí ya mamá,  y sí lo estamos haciendo tú y yo, solas, porque sabemos y podemos… un poco más mamá, un poco más solo”.

Y por fin en otro pujo intensamente salvaje salió Mencía por completo. Yo esperaba que saliera la cabeza y luego cogerla con mis manos. Pero esta niña fuerte y decidida quiso salir sola del mismo modo que su madre quiso parirla sola. Eran las 8:47 PM

Así, asombrada por la rapidez me giré y la vi aún unida a mí, en el suelo, sobre toallas  y empapadores que habían colocado mis matronas. O me dijo: “cógela”, y de ese modo, mis manos fueron las primeras en tocarla. Húmeda, pequeña, resbaladiza, llorando ya y enseñándome sin tener que preguntar que todo estaba bien, que lo habíamos hecho, nosotras solas y la abracé y la coloqué apretada sobre mi y no sé si lloré o reí.

Sé que me pareció todo como increíble pero natural , lógico, como si ahora todo cobrara sentido. Como si todo lo anterior hubiera tenido por fin sentido, dentro de lo absurdo, para conseguir este momento. A la arropó sobre mí con una toalla caliente y mientras yo seguía tumbada en el suelo, bajo el columpio donde todo empezó, ella buscó mi pecho. Y lo cogió y mamó con fuerza, con la misma fuerza con la que llegó a este mundo.

Enseguida le dije a C que fuera a buscar a Iker para que viera a su hermana… Y al llegar su cara era todo excitación. Me dijo: “mamá es verdad que  hoy nacía Mencía” y la miraba con una mezcla de curiosidad y excitación. Salió corriendo a contárselo a las vecinas y a terminar las pizzas que me estaba preparando para cenar ( Le llamamos después para que por fin cortara el cordón como había estado esperando tanto tiempo).

Entonces y solo entonces A y O tomaron parte algo más activa. Esperaron a que saliera la placenta (cosa que pasó a los pocos minutos sin dificultad) y me limpiaron y suturaron el pequeño desgarro que tuve en la cicatriz de la episiotomía anterior. Y ese punto  de sutura era como una metáfora. Con ese punto cerraban no solo una herida física, sino la herida emocional que supuso aquél parto robado y que este parto esperado, soñado, cerraba por fin.

Esta niña ha venido  a traer, como todos, alegría, pero sobre todo paz. No es justo que nadie venga a este mundo para arreglar  historias ajenas. Mencía nació así no PARA hacerme feliz a mi, sino PORQUE  así deben ser todos los nacimientos: íntimos y respetados.  Y cuando respetamos así a nuestros hijos y a nuestros propios cuerpos, ellos, ambos, en cambio, nos regalan esta sensación: PAZ y la posibilidad de cerrar heridas. Al menos así ha sido en nuestro caso. Fue un fin, no un medio.

En algún momento durante y  sobre todo tras el parto, pensé mucho en mi otro bebé, Altair, aquél que no llegó a nacer, en mi madre que no llegó a saber que esperábamos una niña, y en Amanda… la niña especial que estuvo tan poquito tiempo con su familia.

Para estas 3 mujeres va dedicado este relato con la confianza de que las volveré a ver a las 3.

Para todas las mujeres que han contribuído a darme fuerza y confianza para llegar aquí, las que conozco ( mis comadres) y las que no.

A mis matronas, poque no hicieron nada cuando no hizo falta, pero su presencia callada y segura contribuyó a saberme protegida.

Y sobre todo va dedicado:

A mi marido, porque a pesar de sus miedos confió en mi y en que esto era lo mejor para toda la familia: Gracias amor por el mejor regalo de mi vida.

A mi hijo Iker, porque algún día le hablaré de todo esto sabiendo que lo entenderá y le repetiré lo que ya le he dicho y susurrado muchas veces en estos años: que siento no haber podido o sabido darle el nacimiento que merecía… pero que no fue en vano.

A Mencía por demostrarme que sí podíamos.

Feliz y empoderada

“Cuando una pareja pierde a su bebé”-por Cristina Silvente

Artículo publicado en www.ElConfidencial.Com

Cristina Silvente

EL SENTIMIENTO DE CULPA SE CONVIERTE EN UN LASTRE PARA LA MADRE

Cuando una pareja pierde a su bebé, pierde su proyecto de vida. (Corbis)

Actualmente se habla de estadísticas que cuentan que se pierde uno de cada tres embarazos, pero cuando a una mujer o a una pareja les pasa se sumergen en la desolación, el vacío y también el olvido, porque a ellos les ha tocado el 100%.

Cuando una pareja pierde su bebé de pocas semanas, no pierde un embarazo o un grupo de células, para ellos era SU bebé, su proyecto de vida, imágenes de futuro, planes, sueños. Y si fue el primer embarazo, pierden también su (primera) oportunidad de ser padres ¿Cómo es que no existe una palabra para denominar a los padres que pierden un hijo o una hija?

Es por esas razones que para ellos es tan fuerte escuchar frases que minimizan su dolor, que quieren quitar importancia, tratar de olvidar: “es algo normal”, “pronto volverás a estar embarazada”, “sois jóvenes”, “seguramente iba mal y es mejor ahora que más adelante”, “no te obsesiones”, “tienes que ser fuerte”. Pero ellas no olvidan. Estas palabras no hacen que se sientan mejor.

En su mayoría están de acuerdo que lo más doloroso es no tener apoyo social. Algunas incluso estaban de tan poco que apenas han tenido tiempo de dar la noticia del embarazo, cuando ya lo han perdido. Es “normal”, pero en realidad nadie sabe qué es normal: los sentimientos que suceden tras el aborto, la respuesta fisiológica del cuerpo, las señales de alarma…

Muchas son las emociones que invaden a la mujer: sorpresa, incredulidad, rabia, tristeza, soledad, desamparo, vacío. Pronto aparece el sentimiento de culpabilidad: ¿qué hice yo?, podría haberlo evitado, no debería…, debería haber…La mayoría de las veces no se sabe por qué pasó, y ello contribuye más al malestar, al desamparo, a la falta de control, a sentirse perdida.

En la vida en general el tema de la muerte y la pérdida siguen siendo tabú, desde pequeñitas vivimos apartadas porque los mayores creen que así es mejor. Pero no ver la muerte como parte de la vida, no saber qué se siente y qué es normal o cómo vivir una pérdida, eso sí es peor. No hablar de ello sumerge a las personas en el  dolor en silencio y, por ello, no tener la oportunidad de recibir apoyo y cobijo, de sentirse comprendidas.

En el plano físico, muchas veces la mujer que acude de urgencias o consulta pasa de manera pasiva toda una serie de procedimientos sin más información y sin conocer las consecuencias. La intervención en sí a veces puede llegar a ser más traumática que la pérdida. Las mujeres que son informadas, que pueden implicarse en el proceso, tienen mayor sensación de control y mejor adaptación y proceso de duelo.

Las mujeres deberían tener acceso a la información basada en la evidencia y saber qué recursos existen en caso de que pierdan el bebé que esperaban. A veces se tiene cierto reparo a hablar de ello en las preparaciones a la maternidad y la paternidad, en la consulta de la matrona o de ginecología. Pero, como dice M. Ángels Claramunt, autora junto a Mónica Álvarez, Rosa Jové y Emilio Santos de La Cuna Vacía, hablar de ello no provoca la muerte del bebé.

Más bien el contrario, saber qué ocurre después y qué se puede hacer, poder hablar abiertamente de ello, reduce el malestar, o al menos, no incrementa el gran dolor que ya se experimenta. Y puede que a nosotras no nos pase nunca, pero seguro que a alguna amiga, familiar o conocida sí y nuestro conocimiento sobre el proceso puede ser de gran ayuda. Una pareja que ha perdido su bebé de pocas semanas suele llevarlo mucho mejor acompañados por matronas o ginecólogas/os formados en duelo y/o con sensibilidad especial para estos casos.

Cada vez existen más asociaciones, proyectos, foros y webs entorno a la pérdida gestacional. Algunos de ellos son: Superando Un aborto, blog Duelo por pérdida gestacional y perinatal, Petits amb Llum, Umamanita o Siempre en el Corazón de El Parto Es Nuestro. En las respectivas webs existen más links y recursos. Hay diferentes opciones para diferentes necesidades, insuficientes todavía, pero cada vez van siendo más.

*Cristina Silvente. Psicóloga especializada en el ámbito perinatal y socia de El parto es nuestro. Es coautora del libro sobre pérdidas gestacionales tempranas Las voces olvidadas, de próxima publicación.

Video: Dra. Natalie Charpak: Método Madre Canguro

Esta es la Dra. Nathalie Charpak, francesa de nacimiento, hija del Dr. Charpak, premio Nobel de física. Ella es Pediatra, especialista en Neonatos y Directora de la Fundación Canguro, la Dra. y su equipo recorren el mundo, cambiando las prácticas en la atención a bebés prematuros o de bajo peso al nacer.

Información recibida a través de UnoBebé

“El derecho al llanto” por el Dr. Luis Papagno

En estos días he visto a uno de los rugbiers – al hablar de su despedida – intentar sofocar la emoción y pedir perdón por no poder ocultar las lágrimas. Me hizo recordar a otro deportista – Palermo – en circunstancias similares. Me sentí identificado con ellos, reactivándose en mi aquello de “los hombres no lloran”. No puedo menos que reflexionar sobre el motivo por el cual a los varones nos resulta casi “vergonzoso mostrar públicamente nuestras emociones.

Cuando nacemos, lo hacemos “con el llanto en los labios “tanto varoncitos como nenas. La cultura lo modifica. Es por ello que, en este día, en que reconocemos el valor que ha tenido su amor hacia nosotros, quisiera hacerle llegar mi pedido a todas las mamás. Ejerzan el derecho de permitir a sus hijos expresar el llanto, sin importar su sexo. Que no sientan jamás el pecho oprimido por intentar sofocar lo que sienten. Tener angustia en el corazón es el mejor caldo de cultivo de la enfermedad. El llanto permite “des-ahogarnos”. Si lloramos sin vergüenza, amaremos del mismo modo. Erradiquen la más nefasta diferencia de género. Sé que el cambio es posible y que Uds. están en pos de ello. Para Uds., mamás, y para sus hijos, ¡FELIZ DIA!

Dr. Luis Papagno

Medico tocoginecólogo

E-mail: lpapagno@intramed.net

SICB 2011 en Las Palmas de Gran Canaria

El domingo celebramos en LPGC la SICB 2011 que este año tenía como lema  “Un Mundo de Posibilidades”.

Foto cortesía de Carol Doula Las Palmas

Como cada año desde que se fundó Red Canguro, en Gran Canaria hemos celebrado este día rodeados de muchas familias que comparten esta forma de crianza. En esta ocasión  convocaron los actos de la celebración Azaral (Asociación Canaria pro Crianza Natural)  y Red Canguro (Asociación Española por el Fomento de Uso de Portabebés).

Empezamos con una marcha por el Paseo de Las Canteras

y una vez llegados al punto final del recorrido bailamos con portabebés.

Aparte de ser un rato divertido era una forma de mostrar cómo los portabebés nos permiten disfrutar, divertirnos y movernos con libertad llevando con nosotros  a nuestros hijos…

Al final enseñamos a algunos papás que preguntaron cómo sacar más partido a sus portabebés  en el Taller improvisado del final.

Varias familias que paseaban se acercaron a preguntarnos y pudimos repartir tarjetas de Red Canguro y responder a algunas de sus dudas…así que de seguro este día sirvió para que el año próximo haya más bebés en brazos :-)

A nivel personal me emociona cada año ver a familias que conozco, a algunas  de las cuales les enseñé  en su dia a ponerse a sus bebés con su portabebés y ahora son ellos mismos los que enseñan a otros a disfrutar de esta sensación. Y así mismo, el ver a muchas familias nuevas que empiezan con el porteo desde el primer día de vida de sus pequeños.

De hecho en la marcha había un bebé de 20 días y al menos otros 3 de menos de 2 meses… Y en el otro extremo niños “mayorcitos” que aunque sea por un ratito corto disfrutan de ser llevados aúpa por sus padres… HAsta Iker con sus casi 6 años paseó a la espalda de papá en fular :-)

Me reencontré como cada año con padres a los que no suelo ver… algunos usando su portabebés con su segundo o tercer hijo, contándonos como la experiencia de aprendizaje con el primero les ha hecho ser expertos y padres más seguros con los que vinieron después…

En un mundo que cada vez fomenta más el desapego y la división es bonito ver a personas tan diferentes compartiendo algo tan importante… el cariño demostrado por los hijos… porque como siempre digo los portabebés no dejan de ser un medio para un fin… criar con más apego, con más demostración del cariño, con más respeto.

Si sois de este tipo de padres: felicidades… y si no lo sois… probadlo… aunque solo sea para que veáis lo práctico que es… porque de hecho estas telas y mochilas, fuera de precios, modelos y marcas,  al final nos ofrecen a todos: “Un mundo de posibilidades”

(Pinchad en la foto para verla con detalle)

Gracias a Carol-Doula Las Palmas y a Mar por las fotos

Vídeo: Fular elástico con recién nacido (Preanudado, cruz envuelta, posición cuna y tips para una buena postura)

“La Generación de La Libertad” por Ruth Miranda

Este es un texto escrito por una de las madres a las que he conocido embarazadas y que se han acercado a mí o a Mimos y Teta buscando un portabebés… como tantas otras sin saber que la maternidad y el estar dispuesta a “entregarse” a ella iba a suponer un punto de inflexión en su vida y en su forma de ver nuestra sociedad.

No a tod@s les pasa, no tod@s lo reconocen y no tod@s escriben sobre ello… pero cuando sucede… me alegra saberlo y que lo compartan con el resto…

Como comenta mi amiga Raquel Tasa en el epílogo de Una Nueva Maternidad,  (ampliándolo no solo a lo que escribimos en el libro sino a lo que hacemos las autoras – y mucha gente más- día a día en nuestros encuentros con familias):

” No me parece importante que estés de acuerdo, pero ojalá sirva para cuestionarnos sobre los modos de criar que hemos recibido de generaciones anteriores y sobre el futuro que deseamos para nuestros hijos y para la humanidad”

LA GENERACION DE LA LIBERTAD

Somos la generación de la libertad, de las oportunidades. Los hijos de la democracia, hijos del Estado de bienestar. Somos las que según nuestros  mayores “lo hemos tenido todo”. No podemos quejarnos porque no nos ha  faltado de nada, porque hemos podido estudiar y formarnos. Tenemos carreras universitarias, masters, trabajos cualificados, somos independientes, viajamos, tenemos derechos y libertades…
Gracias a los esfuerzos de las anteriores generaciones la mujer y el hombre somos iguales ante la ley, y tenemos los mismos derechos y obligaciones, las mismas oportunidades.

Y así nos han educado. Nos enseñaron que teníamos que ser fuertes,  mujeres todoterreno, y tener éxito en la vida. Éxito que por supuesto, tiene que  ver con una vida profesional llena de ascensos, logros y altos cargos. Éxito que  se consigue a través de la realización profesional. Éxito que viene dado por  “escapar del yugo de la dedicación a la familia”. Nosotras tendríamos unos  maravillosos trabajos bien remunerados, y nuestros hijos los criarían, en el  mejor de los casos, nuestras madres.

Y lo aprendimos y lo asumimos. Y nos lo creímos . Y crecimos poniendo nuestros objetivos en llegar alto, y aparcamos a un lado todo lo que no fuera trabajo, y dedicamos 12 horas diarias a la vida laboral. Porque nuestra prioridad era cumplir con esas expectativas que habían puesto sobre nosotras;  porque si no conseguíamos un éxito profesional habríamos fracasado.

Y algunas lo conseguimos. Llegamos alto. Tenemos un trabajo cualificado que nos reclama casi 24 horas diarias, un marido estupendo  para quien procuramos tener tiempo a diario, intentamos no desatender a nuestros amigos, nos esforzamos por mantener la casa más o menos decente. Ya está! Ya somos super mujeres ! Lo hemos conseguido! Y nos sentimos orgullosas porque hemos alcanzado lo que queríamos. Hemos llegado a donde se suponía que debíamos llegar.

Fotografías cedidas por www.betancorybejar.com

Pero la sorpresa es que el sueldo que ganas es una porquería   para lo que trabajas porque hay mucha  demanda y poca oferta,  para el jefe no son suficientes tus 12 horas diarias de  trabajo, tu marido no está conforme  con las pocas horas al día que le  puedes dedicar, tus amigos protestan   porque te ven poco, y algunos  familiares se permiten opinar que tu casa no está lo suficientemente limpia  y ordenada.

En conclusión, nada va bien. ¿y por qué? Parece que la vida no funciona  como te habían contado. Parece que la generación de la libertad se ha  convertido en la generación de las ataduras. Una generación sobrecualificada,  y cuyos derechos no pueden ejercer.

fotografías cedidas por www.betancorybejar.com

Y entonces tomamos una decisión: “VOY A SER MADRE”. Decidimos que ha llegado el momento.  Hemos alcanzado nuestras metas profesionales, y nos prometemos a nosotras mismas que en cuanto tengamos el niño seremos capaces de multiplicarnos, y haremos de 24 horas 48, y así podremos seguir dando el 200% en nuestro trabajo y dedicarnos y disfrutar de nuestro hijo.

Pero, eso sí, dar el pecho es muy sacrificado, así que les daremos  biberón, y si llora, lo dejaremos en la cuna para que se vaya acostumbrando que sino se malcría, y no lo meteremos en nuestra cama porque rompería la  intimidad con nuestras parejas, y lo dejaremos con los abuelos los fines de semana para poder irnos de fiesta. Somos la generación de la libertad, ¿recuerdas?.

Y llega el ansiado bebé.

Y solo entonces nos paramos a sentir… no a pensar, a decidir, a planificar, a organizar. A sentir. Es entonces, solo entonces, cuando conseguimos “mirar hacia adentro”. Y lo que sentimos es una revolución interior. De repente no nos reconocemos. Parece que nada tiene sentido.  “Bueno, serán las hormonas haciendo de las suyas”. Pero pasan los días y cada vez te sientes  más desubicada.

El niño que llora y no sabes calmarlo, los puntos que duelen, el pecho que se agrieta, las voces a tu alrededor que no dejan de hablar, el mundo que no deja de girar…. BASTA!!!! “Tengo que sentarme a escucharme, tengo que escuchar a mi corazón y a mi instinto.”  Pero el niño llora, y todo el mundo opina: no lo cojas en brazos que se malacostumbra, (“¿Y no será que me malaconsejas?”) no le des el pecho que se está quedando con hambre, tu leche le sienta mal, quédate en la cama que yo me encargo del niño, uy, eso del fular es muy hippy, ¿no será malo para el niño?”

 

fotografías cedidas por www.betancorybejar.com

NO.   De repente surge el animal que hay en ti. Te vuelves 100% corazón y 0% razón. Te vas con tu hijo  a tu dormitorio, conectas con él, le hablas, te mira… y  todo comienza a  encajar… el mundo  empieza a tener sentido.

Le das teta, lo metes contigo en la cama, lo llevas en fular a todas partes. Comprendes que él y tú estáis conectados. Que él y tú os entendéis. Que él forma parte de ti y tú de él. Que tu sitio está a su lado. Y su sitio está en tus brazos. Y llega la calma… Ahora lo entiendes todo. Es la naturaleza que está fluyendo.  Empiezas a descubrirte a ti misma. Y así pasan los días, con sus mejores y peores momentos, con sus alegrías y sus problemas, pero con tu  alma en paz… has encontrado tu yo. Tu hijo ha cambiado tu mente y tu corazón.  

fotografías cedidas por www.betancorybejar.com

Pero de repente, y casi sin darte cuenta, tienes que volver a esas jornadas frenéticas de interminables horas de trabajo. Ahora, sin darte cuenta tienes que empezar a perderte cada día de tu bebé, tienes que empezar a perderte cada nuevo avance de tu niño… te perderás su primer paso, su primera palabra…no podrás sentarte a hacer los deberes con él cada día, te perderás sus actuaciones en el colegio… Entonces, y casi demasiado tarde, te das cuenta de que triunfar no es lo que te habían dicho.  

El éxito, el logro, pasa por la libertad. La libertad de elegir y decidir. Y ahora no puedes elegir. No eres libre. Sientes la espada de Damocles. El éxito que lograste vino acompañado de casas, coches, viajes… y para eso es necesario ese trabajo que te ahoga. Y no puedes parar esa rueda que gira sin cesar. Tu alma ha cambiado, has renacido con la maternidad, pero tu vida sigue igual. Tu jefe te sigue reclamando 12 horas diarias, tu pareja te necesita a su lado, tus amigos cuentan contigo, algunos siguen juzgando tu casa. Y además hay un ángel en tu casa al que te sientes irremediablemente unida que te reclama en la distancia. Y el día sigue teniendo 24 horas. Y piensas en lo equivocada que estabas cuando pensabas en el éxito que tendrías en la vida.

Y es casi demasiado tarde. Tenemos que aferrarnos a ese “casi” y coger las riendas de nuestras vidas. No volveremos a caer en lo mismo. Ahora sabemos lo que queremos. La fuerza de la inercia es tremenda, y es muy difícil parar una rueda y hacer que gire en sentido contrario. Pero estoy convencida de que podemos hacerlo.  Porque la generación de la libertad es una generación fuerte, que, a pesar de lo que muchos piensan, hemos aprendido a luchar, nos han educado para tirar adelante contra viento y marea. Y es el momento de demostrarlo.

fotografías cedidas por www.betancorybejar.com

“Mejor informarse antes: las cesáreas programadas tienen riesgos emocionales” por Cristina Silvente

Artículo publicado originalmente en www.ElConfidencial.com

EL MIEDO AL PARTO MULTIPLICA EL NÚMERO DE INTERVENCIONES

Cristina Silvente 5.10.2011

Pueden existir muchas razones por las cuales una mujer puede optar por una cesárea programada. Dependiendo de esas razones, el efecto psicológico de la cesárea sobre la mujer será distinto. La primera de ellas puede ser la desinformación. A menudo se menosprecian, por parte de los profesionales y de los medios de comunicación, los riesgos para la madre y para el bebé de una cesárea programada. De ello lleva tiempo alertando la Organización Mundial de la Salud (por ejemplo, Informe de Salud 2005; ver también riesgos de la cesárea según CIMS (Coalición para mejorar los servicios de la maternidad).

De modo que si el único asesoramiento con el que contamos es el de un profesional que magnifica sus beneficios y no nombra los riesgos, la elección es clara.

El tratamiento de algunas noticias también favorece la imagen beneficiosa de la cesárea que hay en la sociedad: cuando la atención al parto ha sido excesivamente intervencionista, implicando daños en el bebé, lo que se remarca siempre es “no se hizo una cesárea a tiempo” sin nombrar el cómo se llegó a esa situación, con lo cual es fácil la asociación: parto vaginal= peligroso, cesárea=salva vidas.

Es evidente que la cesárea es una intervención que ayuda en algunos casos, como por ejemplo, cuando existe placenta previa oclusiva, preeclampsia o eclampsia o algún problema en el bebé que requiere que salga pronto. Convendría que los profesionales actualizaran su formación y se les proporcionara facilidades para ello.

Por otro lado, uno de los factores que más ayudan a que se extienda el número de cesáreas es el miedo. Miedo al parto, miedo al dolor, miedo a sufrir. Toda nuestra vida hemos escuchado aquello de que el parto es el dolor más horrible que existe, la bíblica “parirás con dolor”, la ausencia de historias de partos placenteros (que sí están recogidas en la historia de la obstetricia y matronería), el hecho de que tenemos grabada a fuego la idea de que el parto es muy peligroso, hacen que cualquier opción que aporte seguridad y confianza sea la ideal. Muchas mujeres arrastran historias de mucho dolor y sufrimiento y es comprensible que eviten al máximo volver a experimentar nada que se le parezca. A veces pueden ser miedos de los que incluso no tengan consciencia, sólo saben que ni quieren oír o pensar en pasar por un parto.

Algunas mujeres crecen con una gran necesidad de controlar su vida y los sucesos que acontecen, dependiendo de cómo haya sido su crianza, del apego que se haya construido y de las experiencias que hayan tenido. Esa necesidad de control puede hacer que una cesárea programada sea una buena elección para la mujer. El nacimiento deja de ser algo inesperado, incierto, para ser algo bajo control, limitado a un día y una hora, y con mayor control también sobre las reacciones del propio cuerpo.

Dependiendo de cómo hayan ido los partos anteriores, el miedo a un parto futuro puede hacer a la madre pedir o aceptar una cesárea programada, por ejemplo, en los casos que hayan sido traumáticos o en los casos de parto después de una o más pérdidas. El trauma ha quedado gravado en estructuras cerebrales relacionadas con la memoria emocional. No se le puede decir a la mujer que esta vez no pasará nada, porque tuvieron una experiencia real y certera de que sí puede pasar, y en el caso de muerte perinatal, el peor de los miedos se hizo realidad. No es posible convencer así sin más a la mujer que confíe sin antes haber desensibilizado y procesado la experiencia anterior.

En todos los casos sería conveniente valorar conjuntamente las diferentes opciones, los riesgos y beneficios de cada una y dar recursos a la mujer para que se sienta más segura y fuerte, incluso ayuda psicoterapéutica en casos de trauma.

Pero, ¿qué efectos puede tener en la mujer una cesárea programada? Los efectos físicos de la cesárea, el dolor de la cicatriz, las complicaciones, pueden tener efectos emocionales. No es lo mismo atender a un bebé con dolor que a uno sin dolor. Un dolor sostenido puede provocar depresión. Si la cesárea se programa muy pronto, el cuerpo de la mujer no se encuentra preparado hormonalmente y puede que la llegada del bebé coja a la mujer “fuera de juego” y experimente sentimientos ambivalentes respecto a su hijo/a, con la consecuente culpabilidad por no poder sentir ese amor inmediato y maravilloso que esperaba. Si la mujer no se siente acompañada y apoyada, esto podría alargarse en el tiempo.

Si la cesárea se ha programado ciertamente por una razón de peso, la mujer necesitará un tiempo de acomodación y adaptación, que será más fácil si no se niegan sus sentimientos de pena, rabia y desesperanza y si logra apoyarse en sus recursos y capacidades. Es importante que pueda decidir algún aspecto de la cesárea, como el hecho de estar acompañada o de que el bebé permanezca con la pareja en caso de no poder estar con ella.

Si la cesárea se ha programado sin participar la mujer activamente en la decisión, puede inducir diversidad de emociones: tristeza, baja autoestima por no haber podido parir, por haber fallado físicamente (especialmente en casos que se ha pautado por pelvis estrecha) y rabia o decepción, especialmente en aquellos casos que se han informado posteriormente y han descubierto que su cesárea no era necesaria.

Una cesárea programada puede hacer que un bebé nazca de forma prematura y tener algunas dificultades, por ejemplo, de lactancia iniciales que, si no son bien acompañadas y solventadas, podrían acabar en más frustración y desolación. En algunos casos la prematuridad necesitará atención especial, con lo cual la mujer con una cirugía mayor se encuentra en su proceso de recuperación teniendo que atender a su bebé yendo y viniendo de casa al hospital, preocupada por su salud y bienestar. La evidencia científica ha demostrado los beneficios psicológicos en la madre de no separarse del bebé tras la cesárea, manteniendo un contacto constante piel con piel, aparte de los beneficios sobre el bebé.

En cualquier caso, si la mujer ha podido decidir de forma informada y consensuada, teniendo en cuenta todas sus circunstancias y factores, también los emocionales, siendo acompañada en todo el proceso y ayudándola en las dificultades, será más fácil su adaptación y su recuperación de forma satisfactoria.

*Cristina Silvente. Psicóloga especializada en el ámbito perinatal y socia de El parto es nuestro.

www.cristinasilvente.com

Ranking Wikio octubre 2011

Este mes felicito a El Parto es Nuestro. Felicidades por ese puesto muy merecido y a las amigas de SINA por ese subidón en el ranking

1 Bebés y más (=)
2 El Parto Es Nuestro (+7)
3 Embarazo 10 (-1)
4 La princesa de las alas rosas (+18)
5 Bebes.net (-1)
6 AMOR MATERNAL (-3)
7 Tenemos tetas (-2)
8 Peques y Más (-1)
9 Uno más en la Familia (-1)
10 Una maternidad diferente (-4)
11 El blog infantil (-1)
12 Me crecen los enanos (+12)
13 SINA: Asociacion de apoyo a la lactancia materna y crianza consciente en Valencia (+19)
14 LA MAMA VACA (-3)
15 Pequelia (-1)
16 De mamás & de papás (+4)
17 mamá sin complejos (-5)
18 Edukame (-1)
19 naceunamama.com (-4)
20 Construyendo una familia (-7)
21 Creciendo con David (-2)
22 Con la teta hemos topado (-6)
23 Grupo Maternal (-2)
24 yo madre (-6)
25 Bebes Mundo (-2)
26 Crece Bebe (-1)
27 Peque bebés (+4)
28 Mimos y Teta (-2)
29 Criar en Contravía (+8)
30 web del bebé (+18)

Ranking generado por Wikio